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¿CÓMO PODEMOS CONTROLAR LA VERGÜENZA?

¡No te avergüences de avergonzarte! Claves para que no te sonrojes.

© by Rizos Caracol

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eter la pata es parte de la vida y prueba que no somos robots. El riesgo de hacer el ridículo nos acecha en todas partes, pero debemos ser valientes, acudir a reuniones sociales, hablar en público, pintar o cantar a pesar de no tener talento.

La timidez es el temor de que algo no salga bien en esa pieza de interacción social. Cuando ocurre un momento de vergüenza en público, de repente se cae el velo y quedan a la vista los disfraces y la utilería que se estaba usando en esa obra de teatro. En ese momento, todos están tremendamente interesados en reiniciar la conversación lo más pronto posible y recobrar la normalidad.

La mayoría de nuestras más atesoradas anécdotas relatan momentos en los que nos habría gustado que nos tragara la tierra.

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El ego te pone en aprietos

Lo que es interesante, es que cuando nos avergonzamos hay una serie de reacciones separadas, coherentes y secuenciadas que podemos ver en la gente. Los psicólogos que han filmado y codificado las acciones de personas avergonzadas notan que se desata una cadena de reacciones comunes como, sonrisa sólo con los labios, no con los ojos, control de la sonrisa, desvío de mirada, bajada de cabeza, a menudo, tocarse la cara. Todo ocurre rápidamente y en cuestión de 5 segundos, los observadores pueden juzgar que la persona está avergonzada.

Pero para superar esos momentos incomodos, te daremos cuatro consejos para que no te dé tanta vergüenza:

1. No eres la primera persona en cometer un error humillante y ciertamente no serás la última
2. Relájate: la gente está menos interesada en ti de lo que piensas
3. El hecho de que te avergüenzas te hace más adorable y demuestra que eres humano
4. Consuélate: el horror de la vergüenza puede darte anécdotas divertidas que podrás contarle a tus amigos

La mayoría de nuestras más atesoradas anécdotas relatan momentos en los que nos habría gustado que nos tragara la tierra. Tal parece que entre peor sea el ridículo que hagamos, mejor serán las historias que podremos contar. Además, nos gusta la gente que se avergüenza. Los estudios muestran que instintivamente nos inspiran confianza.

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